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domingo, 30 de noviembre de 2008

El amante egoista




Se definía como un amante egoísta. Lo hacia sin palabras, con un pensamiento tatuado.
Consideraba ésta la única forma de amar y seguir siendo él mismo: libre, como deben ser los amantes.

Cuando te bese, lo haré con deseo, por satisfacer mi curiosidad.
Querré saber si tus labios son mullidos, fríos o tibios, si permanecen cerrados o se relajan y acomodan a los míos.
Decidiré entonces si quiero tomar tu boca y mandaré en avanzadilla la punta de mi lengua. Y, como es la primera vez, dará igual si decides recibirme o atacar, o en qué pista bailemos. No importará si te llevo o si te dejas, ni si el beso se diluye o interrumpe, pues me gustará por novedoso.

Disfrutaré al desnudarte lentamente, o tan rápido que ni queriendo pueda recordar, buscando llenar recuerdos con tu imagen.
Mas si decides ser tú quien me descubra, disfrutaré también, observando tus maneras, tus reacciones… dejándome hacer.

No pensaré en ti cuando recorra tu cuerpo, investigue, pase de largo o pare en algún recoveco de tu piel… No lo haré al coronar o bajar, humedeciendo, bebiendo… al escuchar o exhalar suspiros, cuando acelere o detenga tus movimientos, acompasando los míos, buscando tu placer … no, ni siquiera entonces pensaré en ti.

Creía que solo un alma gemela podía darle lo que ansiaba.
Un ser que pensara en si mismo, independiente, del que no tener que preocuparse.
Alguien tan egoísta que permaneciera por placer y se marchara al terminar éste.
Que supiera, que apreciara, que fuese…
Un no joven.
Alguien que hubiese mutado.






lunes, 9 de junio de 2008

GAME OVER, insert Coin

Llevaba rato sentado sobre el suelo, observando la pared.
Cuando se pusiera en pie y saliera se dejaría de historias, pero aun quedaba tiempo y cosas que dejar correr, que dejar.

Por qué no había marcas en la pared?
En las películas cuando se retiran los marcos, siempre quedan las formas, como difuminadas, de las fotos que una vez colgaron. Cuánto tiempo ha de pasar para que dejen huella? Se trataba de tiempo , de su paso, o simplemente de la calidad de la pared y de la pintura que la cubría.

Días antes, cuando las retiró, tuvo que acercarse para observar. Pegó la nariz, rozó con los dedos extrañado: ummm...ni una muesca a la que aferrarse.
No le importaba. Por qué habría de hacerlo? Al fin y al cabo se trata de una pared, de una entre tantas que formaban ese piso.

Los nuevos inquilinos pintarían y repararían cualquier señal de vida anterior. Con puntas y tacos colgarían sus momentos.
Dejarían marcas sus momentos? No tendrían por qué. Acaso serían más importantes... Para ellos sí, pues serian los suyos, los propios, pero no para él... quizá si para aquella puñetera pared, que se negaba a dejar reflejo de las niñas.

No entendía nada, bueno sí, no era idiota. Entendía pero no cuadraba, pequeño gran matiz.
Porque quizá para un espectador (por muy juez que fuese), que cuenta con cientos de libros de derecho, quizá para él todo fuera fácil: un puzle con las fichas numeradas, como los dibujos que aparecen con sólo ir uniendo los puntitos... sí eso era para él, un pasatiempos, un caso más con el que ganarse la vida.
Cierto que no era el padre, nunca adoptó a las niñas, ella no le dejó. Pero los muchos años que ejerció como tal, que las adoptó y parió en su alma, ésos... esos no contaban. Hala, jódete y los cuadras, de un tirón o de a poquito, pero te alejas y cierras la puerta, sin portazo por favor...

Qué pasaría ahora? No podía acercarse a ellas. Necesitaba verlas, abrazarlas... que opción le dejaban. Acaso espiar como un acosador?
Y la peque no entiende: "No vienes papi?..."
Escuece y retuerce, no lo pienses más.

Por lo menos ya no se ve la pared. Todo oscuro y sin electricidad. Pero se conoce la casa, palmo a palmo. Noches llevando agua, termómetros, durmiendo miedos... cierra YA.

Y eso hace. Baja persianas y no mira atrás.
Entre sus manos, sudorosa de tanto manoseo, una moneda de cien pesetas, bailando nudillos, como antes...
Empieza el ritual.
Recuerda su frase, la que leyó de niño. Pero esta vez no hay valor, vamos que no quiere, que no.

martes, 29 de abril de 2008

el jardin de tus castigos

Cuando era pequeño y hacia de la suyas sus padres, pioneros para la época, le mandaban a "meditar".
Esteban no sabía muy bien que era eso, pero sí sabia que preguntar sólo traería más problemas.
Así se dejaba llevar por la mano de su padre. Mano grande, que salia de un brazo largo, que llevaba a amplios hombros para terminar en su cabeza. Imponente su papá.

Luego le dejaba en el jardín y se sentaba y ponía cara de meditador, que aun sin saber que era, le parecía se le daba muy bien. Siempre funcionaba y todo volvía a ser perfecto.

A veces las pifiaba y pasaba mucho, mucho tiempo meditando.
Cómo se aburría, jugaba con la hierba, miraba las hormigas o cerraba los ojos para ver el sol tras sus párpados. Entonces con las luces rojas, naranjas y amarillas formaba dinosaurios, tractores o caballos veloces que dejaban atrás a todos los demás.

Resultaba raro cómo el jardín estaba siempre allí. Era el mismo en que jugaba con su hermano, en que cenaban todos juntos cuando llegaba el buen tiempo... y sin embargo cuando era castigado adquiría dimensiones infinitas.