sábado, 11 de octubre de 2008
de necesidades y de ausencias
Me impresionó. Quizá porque nadie antes me lo dijo, quizá tan sólo por ignorancia.
Necesitar. Un verbo que connota egoísmo, dependencia y al mismo tiempo, por pronunciarlo, valentía y quizá madurez.
Pero la necesidad, como casi todo, tiene grados e implica mucho, poco, nada según cada cuál la interiorice.
Hay necesidades cómodas que son como pedir favores pero con un poco más me presión. Las necesidades enfermizas: esas en que te pierdes y quedas enganchado, “colgado como un cuadro” que dirían Los Secretos. Y luego están las Básicas: aquellas que se precisan para poder vivir.
A mi me gustaría tener de estas últimas y aplicarlas a las personas. Necesitar a alguien como necesito beber agua, pero así, sin más. Dejando que el agua exista sin quedar absorta ante un grifo continuamente abierto. Sabiendo que está. Necesitando que esté. Pero sin ganas de fusionarme o de convertirme en ella.
Me gustaría, pero soy de espíritu flaco.
Cómo saber que necesitas?, estar seguro que sobrepasa el mero gusto, el hábito o la mezcla de ambos? Lo sabremos tras una abstinencia reparadora?. Pero quién en su sano juicio, con la experiencia de haber vivido, se someterá a ésta voluntariamente?
La distancia, que hace reflexionar, nos ha de ser impuesta.
Cuando una persona deja de formar parte de nuestra vida se transforma: en olvido, en pérdida o en ausencia. La primera es inocua, la segunda dolorosa pero asumible. Son la ausencias las que ,como nosotros, se llevan en presente, día a día, tomando un cuerpo que las transforma en Ausencia, con mayúscula, con nombre propio, como la persona que , ya sin duda alguna, sabremos necesitar.
Hace algún tiempo me dijeron y no entendí. Hoy sé que hay cosas que es mejor intuir, aunque nos conviertan en ignorantes.
domingo, 24 de agosto de 2008
Las Reglas del Perdón
Perdón, curiosa palabra.
Todos la hemos usado alguna vez: como muletilla al pisar a alguien o con sentimiento esperando la redención.
El perdón, el que pedimos y damos o no…
Desde pequeños nos enseñan que hay cosas que no debemos hacer.
Nos dicen “pide perdón” y lo haces, sin más, besito y todo arreglado: olvidas.
Te pasas la infancia pidiendo perdón cada vez que algún ojo acusador sobrevuela tu coronilla. Olvidando para volver a vivir en tu cómodo mundo egocéntrico.
Y con estas te plantas en la adolescencia y aquí, dependiendo de cómo haya sido tu vida, la historia cambia.
Empezamos a ser conscientes de las consecuencias. Intuyes que la cosa no es tan fácil, que “el amuleto” no siempre produce el efecto deseado y por primera vez asocias perdón con arrepentimiento.
Vas creciendo, la vida se complica, la complicamos (no entro en esto ahora) y las picias, se transforman en auténticas cabronadas: malas jugadas que tienen consecuencias.
Es curioso, parece cómo si aquellos hechos que no son punibles, no tuvieran consecuencias.
Está claro que los llamados delitos se mueven en otro ámbito. Están reglados: daño/castigo. A todos nos parece normal: ladrones, violadores, asesinos, estafadores… que paguen.
Sin embargo queda un ámbito sin cubrir, personal, que se rige por Las Reglas del Perdón.
Cuáles son las cosas por las que debemos pedir perdón?, debemos perdonar? Qué consecuencias tiene hacerlo para los implicados?
Pedir perdón no está mal. Se muestra arrepentimiento, lo cual , aunque no soluciona, anima … el problema es que muchas veces buscamos algo más.
Quizá, por los aprendizajes de nuestra infancia, esperamos que se olvide el incidente. Pero para eso todavía no hay pócima conocida. Una simple palabra, o un largo discurso, emotivo y sentido, no podrá borrar lo ocurrido.
Dime: las lágrima derramadas, las noches sin dormir, el sufrimiento, la pérdida de confianza , de inocencia, la dureza, el hastío, la desilusión… las consecuencias que tu estado de ánimo tienen para tus seres queridos, las personas , los momentos, los sentimientos que ya nunca tendrás…. Todo esto lo borran las palabras… puede el arrepentimiento devolver lo que te quitaron, borrar el daño que te hicieron? hacer que seas quien fuiste?
Eres la consecuencia de todo lo que te ocurrió, resultado de tu pasado. Ciertamente has de ser positivo y superar (por tu bien has de intentarlo), pero…
Perdono por egoísmo. Por dormir y vivir tranquila, por olvidar… y eso es lo que busco olvidar a quien eso hizo, se arrepienta o no.
Por ello, porque la confianza no se recupera, porque las personas estamos hechas de conceptos abstractos pero que están ahí… por todo eso, si el que pide perdón busca palabras las tendrá : “te perdono”.
Pero si lo que busca es seguir a mi lado, como si nada hubiera pasado, que consiga eso: volver al pasado, y hacer que nada ocurra.
Podría terminar así este texto. Con la garganta dolorida por el grito, pero en el fondo igual.
Trato de abordar un tema extenso y espinoso, lo sé.
Muchos hemos pasado por ello. Interrogantes y remordimientos nos acompañan en el día a día: “y tú no pediste perdón?”, “nunca te equivocaste aun queriendo a esa persona?.”
Finalmente todo es cuestión de prioridades, de lo que estemos dispuestos a perder por el camino.
Quizá debamos parar y preguntarnos si merece la pena otra oportunidad. Si la persona que tenemos enfrente, es eslabón en nuestras vidas. Y cruzar los dedos muy fuerte deseando que el otro (pecador o redentor) quiera también luchar por volver a cimentar la confianza: la que se construye compartiendo momentos y se destruye … (cada cual termine como quiera).
jueves, 24 de julio de 2008
las 6 seis 6
Tras mirar en varias habitaciones y maldecir por tener una casa demasiado grande (puertas que abrir, puertas abiertas…), llegué a la conclusión de que estaba sola, por lo menos en esta dimensión y regresé a la cocina poniendo música a tope (que espanta todos los males).
Pero la semilla estaba plantada y a una velocidad espantosa he empezado a recordar películas : momentos gloriosos del celuloide que hacen que un simple ruido me lleve a temer lo peor.
En el fondo soy masoca. No sé por qué lo he hecho, por qué me deleito recordando, volviendo a ver , confeccionando una lista, repasando , desechando… lo pagaré.
En fin, ésta es mi lista de las 6 de terror para no ver sólo, todas ellas dominadas por una banda sonora que seguirá resonando en mi cabeza cuando menos me lo espere.
Por orden cronológico:
1- PSICOSIS- ( 1960 Alfred Hitchcock)
Clásico de escenas y planos. Perversión psicológica de traumas infantiles.
Desde entonces si la ducha es de cortinas no puedo evitar recordar.
Lo del miedo a las suegras no estoy segura si viene de aquí...
2- LA SEMILLA DEL DIABLO- (1968 Roman Polaski)
Por lo dulce de la historia con una Mia Farrow joven y guapa a rabiar.
Desde entonces no me fío de los vecinos , ni de los médicos...
3- EL EXORCISTA- (1973 William Friedkin)

La desesperación de una madre por la enfermedad de su hija, la Iglesia como solución ... da miedo, verdad?
4- LA PROFECÍA - ( 1976 Richard Donner)
Gran reparto. Popularizó el 666. Desde que la vi adoro los rottweiler y tengo pánico a los niños de piel blanquecina y ojos azules que me miran con sonrisa de pillos.
Cuántas fotos quemadas por creer ver un reflejo, una sombra con forma de lanza o de soga … nunca quise aprender a rebelar.
5- AL FINAL DE LA ESCALERA- ( 1979 Peter Medak)
Para mi la mejor.
Juega con la música, con el secretismo, con el miedo por ocultar el pasado. Fue pionera en las sesiones de espiritismo y las cacofonías.
El guión es perfecto : retorcido, imprevisible, romántico y melancólico.
Consiguió que me aterren las cajas de música, que no pueda subir sola a un desván ( y si puedo evitarlo ni acompañada).
Es la película familiar. Todas las navidades me reuno con mis hermanos y las vemos. Sabemos los diálogos, guardamos silencio en esos momentos...
Todavía pone la carne de gallina y se retuercen mantas.
6- EL RESPLANDOR- ( 1980 Stanley Kubrick)
Papelón de Jack Nicolson. El doblaje de Shelly Duval lo realizó Verónica Forqué.
Qué escena elegir?: inolvidable “redrum”, las gemelas en el pasillo, la conversación con el barman y las fotos antiguas, "los tres cerditos", persecución por el laberinto…
Sin ser el argumento principal se muestran escenas de maltrato de género, del terror de la víctima desprotegida.
Gracias a esta peli tengo miedo a todo.
Un simple ruido. Un golpe cuando no lo esperas, cuando lo crees imposible y el miedo sopla en tu nuca, creando una gota de sudor helado que recorre lentamente la espalda.
miércoles, 9 de julio de 2008
Sombrero de copa (II) : pacto entre caballeros.
Su caso fue muy sonado. Durante semanas ocupó primeras planas.
Tres eran los protagonistas: dos jóvenes licenciados y un abogado recién llegado a fiscal.
Los jóvenes se habían metido en un lío. Nada que mereciera tal despliegue de medios. Sin embargo el fiscal decidió que su caso era especial. Vio la oportunidad de alcanzar notoriedad con esos dos pardillos.
En su defensa diré que el destino le ayudó. Ciertamente las pruebas eran ambiguas y al principio creyó defender lo correcto. Luego el enredo había crecido, los medios acosaban y para un alma aterrada por el fracaso, fue mas fácil callar y mirar para otro lado.
Lo que en un principio era un caso de agresión, con desastrosas consecuencias, fue complicandose. Cada vez había nuevas pruebas, agravantes que terminaron con acusación de homicidio.
La habilidad de la fiscalía fue reconocida por los periodistas: pruebas que aparecían a su antojo, juegos verbales y efectos visuales... como salidos de un sombrero de copa.
Los chicos estaban perdidos. Bien lo sabían ellos y sus abogados.
El fiscal quería atar cabos. Una confesión ante el pueblo. Un reconocimiento a sus teorías... intrigó, presionó .
Martin planteó su idea: quiere magia, magia haremos.
Sus vidas estaban unidas ... que fueran una en verdad.
Uno cargaría con el desastre. Cumpliría la pena completa. El otro disfrutaría la libertad, sin sombras, sin penas. Viviría tantos años como durase la condena. Luego debería morir y el excarcelado asumiría su personalidad. De esta manera los dos saldrían ganando. Ciertamente una vida parcelada, pero vida al fin y al cabo.
Martin perdió la jugada. Se confesó culpable y fue condenado a 20 años de cárcel, 15 con las reducciones de condena.
Volvieron a verse unos días mas tarde. Fue la única vez, pero era necesario para ultimar detalles. El acuerdo fue el siguiente:
mantendría su nombre, luego Martin lo asumiría. No podría formar familia ni tener amigos (conocidos aquí y allá, alguna relación por Internet... nadie que pudiera identificarle), un trabajo sin compañeros (escritor valdría), y el juramento de no huir cuando llegara el momento: pacto entre caballeros, pacto de miradas.
El resto era historia. Había triunfado con las tres novelas que Martin le cedió. Luego trató de imitar su estilo y publicó dos más: la última, la de "gracia", convenció a editores y lectores sobre lo efímero de la genialidad.
Una vez se enamoró. Pero la imposibilidad de compromiso hizo que le abandonara.
Su vida había sido mediocre y angustiosa. Vida con fecha de caducidad. Hasta que leyó la noticia. Una reseña en la sección de sucesos informaba de la muerte de M. en la cárcel. Y empezó a vivir, de verdad, saboreando cada momento, cada persona, TODO.
Tras recordar se siente bien, sabe lo que ha de hacer. Se dirige a la casa.
Muchos no entenderían por qué no volaba de allí. Por qué un Martin ejecutor, no continuaba su camino.
Sin embargo aquello tenía sentido para ellos. De hecho, el poder llevarlo a termino, daba sentido a sus vidas. El acto final, el último truco que jamás nadie podría imaginar, ni descubrir.
Se sabe valiente, seguro de su decisión, pero no tiene prisa, quiere aprovechar el momento. El último.
Paseando por un parque compra agua en el kiosquillo de verano y sentado en un banco se dispone a repasar.
Curiosos los recuerdos del reo.
Recuerdos de infancia, del bosque que bordeaba su pueblo, de la pandilla, de fuentes que no dan agua y amoratonan manos en el intento, de su abuelo, de su hermana, de verdes y dorados, de nieve, seca y cálida, puede ser cálida?, así la siente él... y llora por no poder comprobar, sentir todo eso de nuevo. Llora como lloran los hombres: calmado y sin hipos, con la tristeza que asumir la verdad a veces conlleva.
Se dirige a la casa, valiente, seguro de su decisión. Se dirige a la casa, valiente, seguro de su decisión,(el portal está más cerca), valiente, valiente...
Sube escaleras, seguro de decisión, seguro (otro piso más).
Llega a la puerta, gira la llave. Una copia bloquea el acceso.
Miedo, nudo en el estómago.
Duda. De sí, de todo lo que había pensado, de la vida y de los valores, del si merece la pena... de si Martin también dudaba... de si al poner la llave le daba la oportunidad de marchar, de si escribir una nueva historia, aunque fuera mal escrita.
Está paralizado. Sintiendose observado, deseando que la puerta se abra, o que sus piernas no dejen de correr llevandole lejos de allí. Honor o futuro.
Parálisis, dudas, inquietud, desazón.
Será cobarde o valiente?
La puerta se abre.
Ha llamado. Hizo bien o mal, pero lo hizo.
Valiente.
sábado, 5 de julio de 2008
Sombrero de copa (I)
Nuevamente allí está ese hombre. Desde la ventana del salón no puede ver sus rasgos, pero el porte no deja duda de género.
Han pasado varios meses desde la primera vez que lo observó. Entonces apenas llamó su atención. Se encontraba como tantas veces observando por la ventana. Tras la carretera se extendía una colina que no tardaría mucho en ser edificada. Apenas unos olmos desperdigados aquí y allá.
Algunas veces observaba gente pasear, con sus perros o sólos. Por eso no se fijó demasiado en él.
Luego la cotidianidad despertaría su curiosidad. Le encontraba a diferentes horas. Parecía como si siempre estuviera allí. Pensó que sería un jubilado que pasaba tiempo caminando por los pocos verdes que aún quedaban. Dadas las fechas y que el desconocido no levantaba la cabeza del suelo, le apodó "el setero".
Un día raramente angustiado por no encontarle , habló de él a un amigo. Pero éste no comprendió y se pasó varias semanas llamándole para preguntar qué tal su "enamorado", si la cabra volvió al monte y otras tonterías por el estilo.
Por suerte volvió a verle y calmó el corretear de aire que produce las ausencias imprevistas.
Dejó de mirarle el día que se sintió observado. Era absurdo. El hombre sentado bajo el olmo miraba fijamente a su ventana?. Un escalofrío recorrió su espalda y bajó la persiana.
Esta tarde, tumbado en el sofá quedó dormido. Algo le despierta.
Medio inconsciente y sobresaltado, bebe agua para despejarse. Entonces lo ve: en el techo de la habitación una lucecilla se refleja rítmicamente. Proviene de la calle. Aún tumbado, sigue los destellos regulares, intencionados sin duda.
Despejado se asoma. En la colina está el setero. Tiene algo entre las manos (seguramente un espejo). Sabe que le ha visto y coloca el objeto sobre una piedra , provocando un brillo constante, como un faro.
Son las 5 y el sol castiga a esas horas. Se viste y baja dispuesto a hablar con él?. En verdad no lo tiene claro.
Atravesando la carretera le puede la curiosidad. Se pregunta cómo nunca paseó por la colina. Quiere, morbosamente, comprobar qué ven los ojos del extraño. Por eso cuando llega bajo el olmo y se refugia en su sombra, gira buscando su ventana. Tiene que contar los pisos, todos demasiado iguales, y la encuentra. No se distingue nada. Ningún observador desde su posición podría saber si alguien le observaba.
Una luz cegadora quema sus ojos. Los cubre con las manos para protegerse. Entonces para y busca al hombre. Está malhumorado. No le gusta que jueguen con él. No hay rastro.
Vuelve el destello, pero esta vez,por desgracia, sabe su origen. Los centelleos salen de su casa.
Su corazón se desboca, imposible controlar las pulsaciones. Cree que va a reventar.
El miedo se apodera de él. Se pregunta si no estará dormido, cómo puede estar ocurriendo aquello...
La puerta de la terraza se abre y una mano coloca un objeto sobre el alféizar. Pánico y mareos.
Coge el móvil para aumentar la imagen. No hay duda: un sombrero de copa.
Maldito cabrón: es Martin.
Las piernas le fallan y cae. El sudor recorre todo el cuerpo y la cabeza le estalla. Pero si estaba muerto!!.
No, el muerto era él... no verá amanecer.
miércoles, 2 de julio de 2008
Artrosis sentimental
Unos te hablarán de lo que hicieron, otros de sus anhelos y sueños. Te contarán quienes quieren ser o lo que fueron ... pero no contestarán lo que preguntas. Porque son retazos: de momentos, de personas, de reflejos, que poco a poco van creando la consciencia que tienen de sí mismos.
Sin embargo esta respuesta no te vale. Quieres saber quién soy yo?
Y te digo que me mires y me lo cuentes tú, o que desees y seré lo que quieras, sólo por jugar un poco más, por quitar hierro al asunto.
Pero contigo no vale. Hoy quieres saber.
Noto tu cansancio en la mirada, angustia en la forma de morderte el labio, hastío por mi negativa a contestar, frustración al besarme y despedirte.
Hace tiempo me hice la misma pregunta y en ese mismo instante ,en que miraba el reflejo que devolvía el espejo: envejecí.
Cuando dejas de vivir inconscientemente,
cuando te planteas el sentido de la vida, de tu propia existencia,
cuando el tiempo deja de medirse en horas y días y noches son sólo palabras... cuando todo eso ocurra, si te ocurre,
comprenderás
y dejarás de preguntar los por qués y los cómos, para disfrutar los momentos que quieran compartir contigo.
Pienso si correr tras de ti, coger el teléfono y marcar tu número... ummm.
Mejor sigo leyendo, bien tapadita, no me vaya a constipar.
Juventud, divino tesoro.
domingo, 22 de junio de 2008
Porque quede en el espacio
Este es mi homenaje a quien hasta hoy fue un buen compañero.
Es una tortuga de tierra. Desde hace 15 años estamos juntas.
No puedo contar cómo ni donde nos conocimos. Sólo que siempre he creído que le salvé de una muerte segura.
Decidí llamarla Shamarcanda, con h intercalada, hasta que meses después descubrí que era tortuga macho y pasó a ser Shamy.
Quizá te preguntes si se puede llegar a querer a una tortuga. Pues no sé a otras pero Shamy se lo curró desde el primer día, llegando a ser un miembro más de la familia.
Algunas personas creen que las tortugas son frías que no transmiten. Será porque no las han visto bostezar por la mañana, restregarse los ojos con las patas delanteras para terminar de desperezarse, perseguir los pies descalzos obsesionadas por los dedos, o volar como gacelas cuando un ruido las asusta.
Saint-Exupéry en El Principito explica muy bien lo que quiero decir:
-¿qué significa domesticar?
- Es una cosa demasiado olvidada- dijo el zorro- Significa crear lazos.
-¿Crear lazos?
-Sí- dijo el zorro- Para mí no eres todavía más que un muchachito semejante a cien mil muchachitos. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para ti único en el mundo..."
Shamy tenía sus pequeñas manías, esas que la hacen diferentes de todas la demás:
comía un tipo concreto de lechuga, le encantaban las rosas (nada de claveles), y cuando mordía fresas le salía un hilillo de agua rosada por la nariz...
Paseando por el jardín se entusiasmaba de ver tanta hierba y cuando quería comer lanzaba mordiscos al viento hasta que atinaba, porque era estrábica.
A veces alguien se olvidaba de guardarla y te la encontrabas en la cocina o en el dormitorio... entonces te miraba tranquila durante unos segundos y seguía caminando.
Tengo un perro. Sé muy bien la diferencia de lo que uno y otro podían transmitir (que no comprender). Sé que es distinto... pero sabes? no podría decidir entre uno de los dos. Y la pérdida de uno, me entristece.
Los animales sienten y transmiten, comparten nuestras vidas desde lo que son...
Hoy mi perro se tumbó a observar mientras enterrábamos a Shamy, creo que sabía lo que estaba ocurriendo... se fue su amigo.
jueves, 19 de junio de 2008
Una como tantas
Era universitario y la historia que escuchaba otra leyenda urbana, de las que se cuentan en las fiestas con una cerveza en la mano.
Entonces no sabía su nombre. Lo importante era la segregación de jugos y risotadas que todos soltaban.
Al terminar la carrera la leyenda formaba parte de él. Distintos narradores, diversos matices, que rozaban el absurdo por contradictorios.
Años más tarde, en una cena de empresa, volvió a escucharla.
Cinco compañeros habían continuado la juerga y agotados tomaban la penúltima en casa de uno de ellos.
Pero aquella vez fue distinta. Borrados ya todos los detalles de pornografía barata, encontraba la esencia , detalles que la hacían real y un apodo. La mujer protagonista, el deseo primitivo, era conocida como La Estatua.
Hace muchos años una joven llegó a su noche de bodas.
Virgen, como era la costumbre, vistió las mejores galas para la ocasión.
Marido y esposa se enfrentaban a la prueba que tanto habían esperado, pero en desigualdad, pues él conocía los placeres de la cama y era maestro en alguno de sus secretos.
Ella se desnudó y él quedó paralizado por su belleza.
Los intentos de ella por avivar la llama fueron inútiles, pues sus manos eran torpes.
Ni los besos ni las palabras de amor, consiguieron que él moviera un sólo músculo. Y así agotada de suplicar y llorar ,cayó rendida.
Al amanecer él dejó la casa y una carta en la que explicaba que tal visión le imposibilitaba consumar el matrimonio. No podía mancillar tan divina creación y por consiguiente el contrato quedaba anulado.
Enloquecida decidió destruir su cuerpo, deformándolo y marcándolo:convertirlo en repugnante.
Al mismo tiempo aprendió las artes amatorias. Pagó hombres y mujeres, memorizó cada movimiento, caricia y beso humano. Luego invocó a los dioses para que le enseñaran el resto.
Preparada a dar placer, comportándose como estatua, compró una casa en las afueras. Y allí , en la oscuridad de los pasillos, se forjó la leyenda.
Lo bueno de la historia era que dejaba volar la imaginación, puertas abiertas para mentes calenturientas. Resultado: un sinfín de anécdotas de lo que allí ocurría. Sin embargo, en las muchas veces que la oyó, dos detalles se repetían:
orgasmos eternos y una mueca ladeada en los labios de ella, que precedía, como anunciatoria, el placer que se avecinaba.
Sobre quienes eran los elegidos, cómo eran seleccionados y conducidos a la casa, cada cuál contaba lo que quería. Siempre había un amigo, del hermano, de un vecino... que daba fe de lo que el narrador narraba.
La idea de la mujer estatua caló hondo.
Le excitaba jugar con sus amantes, aunque fracasara: pues tarde o temprano terminaban por moverse.
Con el tiempo sus excentricidades volaban en las bocas femeninas y alguno de sus amigos bromeaba al respecto.
Por eso cuando recibió la llamada no se sorprendió.
Una voz masculina le indicaba que La Estatua requería su presencia, dejando dirección , fecha y hora del encuentro.
Decidido a disfrutar del regalo, aceptó sin reparos.
lunes, 9 de junio de 2008
GAME OVER, insert Coin
Cuando se pusiera en pie y saliera se dejaría de historias, pero aun quedaba tiempo y cosas que dejar correr, que dejar.
Por qué no había marcas en la pared?
En las películas cuando se retiran los marcos, siempre quedan las formas, como difuminadas, de las fotos que una vez colgaron. Cuánto tiempo ha de pasar para que dejen huella? Se trataba de tiempo , de su paso, o simplemente de la calidad de la pared y de la pintura que la cubría.
Días antes, cuando las retiró, tuvo que acercarse para observar. Pegó la nariz, rozó con los dedos extrañado: ummm...ni una muesca a la que aferrarse.
No le importaba. Por qué habría de hacerlo? Al fin y al cabo se trata de una pared, de una entre tantas que formaban ese piso.
Los nuevos inquilinos pintarían y repararían cualquier señal de vida anterior. Con puntas y tacos colgarían sus momentos.
Dejarían marcas sus momentos? No tendrían por qué. Acaso serían más importantes... Para ellos sí, pues serian los suyos, los propios, pero no para él... quizá si para aquella puñetera pared, que se negaba a dejar reflejo de las niñas.
No entendía nada, bueno sí, no era idiota. Entendía pero no cuadraba, pequeño gran matiz.
Porque quizá para un espectador (por muy juez que fuese), que cuenta con cientos de libros de derecho, quizá para él todo fuera fácil: un puzle con las fichas numeradas, como los dibujos que aparecen con sólo ir uniendo los puntitos... sí eso era para él, un pasatiempos, un caso más con el que ganarse la vida.
Cierto que no era el padre, nunca adoptó a las niñas, ella no le dejó. Pero los muchos años que ejerció como tal, que las adoptó y parió en su alma, ésos... esos no contaban. Hala, jódete y los cuadras, de un tirón o de a poquito, pero te alejas y cierras la puerta, sin portazo por favor...
Qué pasaría ahora? No podía acercarse a ellas. Necesitaba verlas, abrazarlas... que opción le dejaban. Acaso espiar como un acosador?
Y la peque no entiende: "No vienes papi?..."
Escuece y retuerce, no lo pienses más.
Por lo menos ya no se ve la pared. Todo oscuro y sin electricidad. Pero se conoce la casa, palmo a palmo. Noches llevando agua, termómetros, durmiendo miedos... cierra YA.
Y eso hace. Baja persianas y no mira atrás.
Entre sus manos, sudorosa de tanto manoseo, una moneda de cien pesetas, bailando nudillos, como antes...
Empieza el ritual.
Recuerda su frase, la que leyó de niño. Pero esta vez no hay valor, vamos que no quiere, que no.
miércoles, 4 de junio de 2008
Fisión
Siempre que escribo selecciono música, que suelta mis dedos y los conecta con imágenes que tengo en la cabeza. Es el nexo de unión que hace posible lo que de otra manera no podría ocurrir. Pues en mi cerebro las ideas tienen vida, los personajes hablan, los paisajes, contextos y sentimientos son nítidos. Pero al transformarlos en palabras se me pierden. Creo que los dedos quedan lejos y ya bajando por los hombros las ideas son reflejos... la música les adormece y así, ralentizados, puedo observar sus sombras.
Escribimos para transmitir. Con una finalidad que es clara para el autor y no siempre para el lector. A veces incluso ciframos las palabras, encubrimos, derivamos y creamos una tercera generación de la idea primitiva. Pero al que escribe le da igual, pues al lanzar palabras consigue su objetivo.
Hoy escribo(te) sin música. No hay pensamiento, ni sentimiento que me mueva. Estoy helada.
Empezó por la tarde. Me sentía rara. Pensé al acostarme que todo pasaría, pero por la mañana al abrir los ojos lo noté. Frío. Un manto que me envolvía en la cama.
Ni el café ni el agua ardiendo han ayudado. Aun con 20 grados, manga larga y chaqueta, helada igualmente. Y según pasaba el día lo notaba más dentro, en los huesos.
Mi cuerpo no lo reconoce: no tengo fiebre, no tirito pero es un frío físico y sospecho lo causa.
Paseaban. Eso hacían: pasear y hablar. Parecía como si al andar y respirar el aire fresco, las palabras brotaran sin parar.
Dónde quedaran o cuándo daba igual. Preferían las afueras de la ciudad pero el centro también les valía.
A veces quedaban y andaban sin rumbo fijo. Sólo tenían unos minutos: una vuelta a la manzana, nada más. Cuando habían regresado tenían más que contarse y seguían caminando, por otras calles, sin pensar... sólo hablando.
Nadie pudiera sospechar que algo les uniera de tan diferentes que eran. Sin embargo tras varios pasos sus andares se acompasaban, su respiración se relajaba y surgía la armonía.
Ves? Todo depende de cómo se cuente. Cada persona, cada momento tiene su historia. Yo también observo y retengo.
Él la enseñó su ciudad: la de sus recuerdos. A través de calles, edificios y rincones fue desnudando su alma.
Y allí en la cueva, sobre río, tras la universidad... hombro con hombro, sin mirarse, lanzaron y bebieron secretos. El viento les ayudó.
Resulta curioso el poder de las palabras. Letras, sonidos agrupados, que transforman la realidad.
Una vez emitidas se rigen por las leyes de la física. Acción-reacción impredecible, dadas las variables de un sistema en movimiento.
Apoyada en la barandilla, buscó el valor, decidida a dejar que el aire entrara.Pero no calculó bien y la ventana que pretendía tornar se abrió con fuerza.
Horrorizada trató que él no escuchara. "No me hagas caso ... nos vamos ?"
Una mano fuerte sobre el brazo frenó en seco la huida. Y arrastrándola junto a él, con determinación, la hizo enmudecer con sus palabras.
No te importen las palabras. Todos las usamos: bien, mal o regular.Pero son mutables, maleables y si quieres se desvanecen.
Que te inquieten los silencios, los misteriosos. Los que al compartirlos se disfrutan, unen más. Y al no hacerlo, si se alimentan, llevan a la fisión.
Que te inquieten, o te calmen...
martes, 27 de mayo de 2008
Más fácil
Maravilloso estribillo que cantaba Alaska y que muchas veces hemos coreado como si nos fuera la vida en ello. Y es que todos nos hemos sentido cuestionados, criticados e incluso no aceptados, en alguna ocasión. Entonces surge la fuerza "resorte" y saltamos defendiendo nuestras palabras, actos... nuestra forma de ser.
Pero no nos engañemos,pues en el fondo quisiéramos gustar a todos, lo cuál; obviamente; es imposible.
La especie humana cuenta entre sus características con las capacidades de aceptar o repudiar. Ambas intrínsecas a nuestra naturaleza. Antagónicas.
Muchas veces los procesos de aceptación o rechazo se producen por afinidades o por factores sociales (valores que nos enseñaron, con la finalidad de pertenecer y perpetuar un estilo de sociedad).
Poco puedo matizar sobre estos casos, pues realmente resulta difícil, casi imposible, luchar contra lo que nos rodea o contra nosotros mismos.
La afinidad es una fuerza de atracción. Cuando se da nos sentimos complacidos y nos deleitamos con la relación.
El rechazo, siempre y cuando se produzca de forma natural y como principio de una no-relación, también lo asumimos. Somos adultos, sabemos sobre gustos y colores. No es deleitable pero tampoco nos preocupa (surge así nuestras fuerza-resorte y seguimos el camino).
El problema está ;como siempre; en el espacio que hay entre los dos extremos, en las situaciones mutables. Más concretamente en las mutaciones-negativas.
Si cambiamos de una afinidad real (no un mero gusto), a un rechazo (no un simple cabreo) es porque algo ha pasado. Y ese algo es "ALGO" importante e insuperable.
Rechazamos lo que no entra dentro de nuestros márgenes de entendimiento, de nuestros valores, nuestra forma de ver la vida. Y si eso ocurre con alguien a quien una vez consideramos cercano, nos sentimos defraudados.
Lo bueno de los humanos es que somos complejos. Seres repletos de sentimientos, vicios y virtudes. De entre las últimas la mejor :el olvido. Por lo tanto no debemos sufrir, ni tan siquiera preocuparnos, pues cuando las situación nos es adversa y algo o alguien nos molesta lo "borramos del mapa" y asunto solucionado.
Y es que es más fácil olvidar que aceptar lo que no comprendemos. Sería de locos pensar que dos personas puedan tener razón al creer que algo es blanco o negro al mismo tiempo.
Quién osaría afirmar que 2+2 son cinco?
domingo, 18 de mayo de 2008
SE REGALA ...razón aquí.
A veces se produce un agujero espacio-temporal, una discordancia del universo y surgen los "momentos no-vividos".
Algunas personas tienen el don de hacerlos aparecer, no todos somos capaces. Requieren de una gran habilidad para tomar la consistencia que los diferencie de las fantasías o los sueños.
Los encantadores cuentan con esas virtudes. Son capaces de recrear un lugar, de dotarlo de detalles, de personajes y acontecimientos que han de ocurrir. Son como escritores de la voz, embaucadores.
Los momentos-no-vividos son muy orgullosos. No te tienen apego, como los recuerdos o los fantasmas, pues en verdad tampoco os conocéis. Sin embargo una vez que te lo regalaron no hay manera de deshacerse de él.
Tengo unos cuantos que viven conmigo. Normalmente no molestan, son los inquilinos perfectos: transparentes, casi invisibles, apenas distorsionan la realidad, como si mirases a través de una gafas de agua.
El problema es que existen y no-existen al mismo tiempo, por lo que crean situaciones muy molestas.
Hace unos días estaba cenando con unos amigos. Hablábamos de las vacaciones de verano. Una pareja comentó que querían ir a Australia y que si alguno habíamos estado allí.
Pienso "Australia..." y rápidamente oigo "Presente". No hay duda: yo he estado allí. Alguno de mis recuerdos, que siempre me acompañan, ha contestado.
Les pongo en fila, bien ordenados y empiezo a repasar, pero nada , no aparece. " A ver, el que ha dicho presente, que de un paso , vamos..." y desde el fondo, medio transparente aparece un "no-vivido" y claro la tenemos. Porque da igual lo mucho que les expliques que en verdad no existen, que tienen que acostumbrarse a estar callados. Da igual por las buenas o por las malas. Todo da igual con ellos: son unos chantajistas emocionales.
Y empieza el lloriqueo: que si qué te hecho yo para que me ignores así, que si qué culpa tengo de ser de esta manera, que mira que voy y no vuelvo... Pero no se van. Entre otras cosas porque ninguno de los dos sabemos dónde van los momentos no vividos?.
Para entonces toda la mesa está esperando que digas algo, porque por lo visto, inconscientemente dijiste que habías estado allí (vamos que se te escapó).
Y ahora no sabes donde meterte. Estás cansada de dar explicaciones, de contar que casi estuviste, pero al final no. Que conoces Sidney, que una vez viviste allí. Que recuerdas los museos, los paseos y hasta una excursión en que casi atropellasteis un canguro.
Te disculpas y vas al servicio, a hacer unas llamadas, a fumar un cigarro... haces tiempo antes de volver a la mesa, cruzando los dedos para que hayan cambiado de tema.
Los recuerdos pertenecen a sus protagonistas, les acompañan y son intransferibles, aunque se puedan compartir. Pero éstos, los momentos-no-vividos... si alguien quiere se los regalos, tengo varios (también se dan por unidades).
Interesados ponerse en contacto con Tequila. Portes pagados. Abstenerse encantadores.
miércoles, 14 de mayo de 2008
ayer, hoy, ???
Ya no me pregunto por qué no estaba en casa, el destino hizo que fuera así. No merece la pena torturarse más.
Si hubiera estado quizá me encontrase en la cocina y tampoco hubiera escuchado el timbre.Pero puede ser que me pillase en el pasillo o poniendo la mesa del comedor, entonces sí lo hubiera oído y habría abierto la puerta rápidamente y él habría entrado en el portal y subido las escaleras de dos en dos como solía hacer.
Somos libres de nuestros actos, es lo bueno de la vida: nos permite elegir.
Qué pasaría por su cabeza cuando tomó la decisión. Qué ideología te lleva a luchar hasta ese extremo... Debería sentirse muy oprimida, casi exclavizada para tomar la decisión. Antes creía que no se había dado cuenta, que no le había visto y por eso lo hizo. Pero sus palabras no dejan duda alguna. Palabras de guerra.
Qué rara es la vida, nos hace sentirnos especiales, únicos, eternos... nosotros, los nuestros, nos...
Y vi las llaves, sí. Estaban encima del cuaderno rojo de geografía (también se había dejado el cuaderno). Si hubiera ido a su clase... pero entonces no te imaginas, no puedes intuir algo así.
Él se habría enfadado. Su madre llevándole las llaves delante de sus amigos, tratándole de nuevo como a un peque. Cuánto habría durado su enfado? tres días?...
Cada mañana antes de salir de casa cogería las llaves y las haría sonar por el pasillo sin decir palabra, dejando que la musiquilla recordara el incidente, mientras sonreía y cerraba la puerta de casa.
Tres gotitas más, que borren sus ojos, su olor y el cosquilleo que aun me producen sus abrazos.
En unos días marchábamos de vacaciones. No le hacía mucha gracia porque...
El 30 de mayo de 1985 Alfredo Aguirre Balascoain "Godo" (14 años) esperaba junto al portal de su casa cuando una terrorista (17 asesinatos, hoy ya en libertad) accionó el dispositivo de una bomba. El objetivo era una patrulla de la policía y aunque posteriormente reconoció haber visto a Alfredo, lo consideró un daño colateral de la guerra que luchaba.
Hoy 14 de mayo de 2008, han matado a Juan Manuel Piñuel.
Y el calendario se nos va agotando. Cada año marcamos nuevos días, nuevas muertes.
Y seguimos recordando, llorando por los caídos en una guerra que no es tal.
Cuántos familiares, amigos y conocidos que seguirán repasando los hechos, torturándose tratando de comprender unos asesinatos que no tienen sentido.
viernes, 9 de mayo de 2008
pulsión
Marisol Rozo
Ara Malikian
Merece la pena escuchar hasta la última nota.
viernes, 2 de mayo de 2008
Los renacidos
Si te cruzaste con uno sabes de lo que hablo.
Sus historias son de lo mas variopintas pero tienen un factor común: el re_nacimiento viene precedido de un momento apocalíptico que les aniquila por completo. En algunos casos son accidentes, enfermedades destructivas, colapsos sentimentales... pero su caso era distinto: no era un elegido.
Creo que el destino se equivocó, debió confundirle con otro. Quizá fue que tomó la calle equivocada o que se retrasó esa mañana hablando con el quiosquero.
Corría por la Avenida Picasso. No dejaba de reprocharse lo estúpido que había sido. Si no llegaba perdería todo.
De repente su carpeta voló y todos los documentos se esparcieron por la calle. No se fijó que había otro hombre en el suelo, que en su carrera lo había tirado, no se fijó en nada hasta que notó su aliento. Se giró lentamente y encontró los ojos. Ojos ámbar, resina, que no debió mirar.
En ese instante empezó su nueva vida.
Una para la que no estaba preparado,que era la de otro pero que de golpe, o por golpear, encontró.
Se vio en una calle, sin comprender, rodeado de gente, coches, ruidos, que no identificaba. Re-parido... sin alguien que le ayudara a entender quién era y lo que ocurría.
Encontraron su cadáver en un contenedor. El instinto le había hecho cobijarse del frío o buscar comida, no sé...
Nadie denunció su desaparición, pues nadie le conocía.
Se barajó la posibilidad de que fuera un famoso empresario que desapareció una semana antes, pero la familia no reconoció el desecho humano de la sala de autopsias.
Los renacidos son seres afortunados.Tienen una segunda oportunidad porque la desean o por necesitarla aun sin saberlo.
Cuando empiezan su nueva vida, olvidan la pasada, la borran casi por completo. Pero siempre queda algo: una persona, un lugar... referencias que dan coherencia al nuevo contexto. Así está organizado y así había sido hasta entonces.
